Es difícil comenzar. Siempre he pensado que dentro de mi cabeza hay una gran historia que quiere salir a conocer el mundo y a que el mundo la conozca. Pero nunca he sabido como estructurar su salida.
No es que quiera ser Escritor, nunca ha sido una de mis metas o aspiraciones. Además creo que para poder escribir, primero debes leer, y yo no soy que digamos un gran lector.
Puedo contar con los dedos de mis manos Todos los libros que he leído El Diario de Ana Frank, El Señor de los Anillos I y II, El Psicoanalista y actualmente El Resplandor.
He tenido también intentos fallidos por acercarme a la literatura clásica. Aunque la verdadera razón por la cual empecé a leer La Divina Comedia, fue por morbo. Un amigo empezó a platicarme como Dante describía magistralmente en su obra magna, los oscuros pasajes del Infierno. No requerí mas motivación durante mi época de estudiante para enfrascarme en este libro. Ni siquiera la difícil lectura mermó mi ímpetu de continuar leyendo.
A través de los 9 círculos el autor captó cada ves mas mi atención.
Creo que hubiese terminado de leer los últimos capítulos de el Cielo con facilidad, si esta parte de la obra no se hubiese tornado tan aburrida. Supongo que con la salida del infierno y el purgatorio, también salió el morbo de mi cabeza. Creo que nunca sabré que le pasó a Dante y a Virgilio a final de cuentas, ya que no tengo intención de regresar a un libro que por poco destruye mis ganas de volver a leer otro.
Y es que este era la primer obra Literaria que pasaba por mis manos; la primera vez que realmente tenia intenciones de leer. Para mi al o largo de los años los Libros habían significado solo enseñanza, conocimiento y Números. Jamás los había considerado como cultura o entretenimiento. Al darme cuenta que había otro tipo de libros, a parte de los que teníamos en la biblioteca del instituto, despertó en mi la intención de saber un poco mas de ellos.
Creo que elegí mal el que sería el primero, ya que mientras avanzaba por sus abrasadoras páginas, mi mente matemática asumió que así serían todos los libros. Así de difíciles de leer. Con centenares de palabras rebuscadas y una narrativa, a veces, muy compleja.
Afortunadamente algún tiempo después me di cuenta que no era así. La forma en que estaba escrito aquel libro que ya parecía muy distante era simplemente una de mil formas que existen de escribir una novela.
No recuerdo exactamente cuando comencé a Leer el diario de Ana Frank; pero si recuerdo muy bien el como llegó a mis manos.
Una amiga de mi hermana estaba de visita en casa. En una de esas pláticas como las que existen miles, mencionó que estaba leyendo ese libro, lo que de inicio no llamó mucho mi atención, al menos no mas que sus pantalones semi transparentes, los cuales solo tengo que cerrar los ojos para volver a verlos combinar sutilmente con esa blusa verde de tirantes.
Aquella mención de dicho libro, no hubiese sido motivo suficiente para interesarme en él, si no fuera porque al día siguiente, mientras veía por televisión un capitulo de una serie norteamericana llamada Aprendiendo a Vivir (Boy meets World), el título del mismo libro se mencionó nuevamente. El capítulo mencionaba el libro en cuestión para hacer referencia a las dificultades que debió pasar una niña durante la guerra; y comparaba la impotencia de Ana a la de un estudiante de intercambio en la serie que se molestaba cuando alguien ofendía sus raíces.
De entrada no vi donde estaba la similitud; sin embargo si logré captar la señal que la vida me hacía.
Una amiga de mi hermana estaba de visita en casa. En una de esas pláticas como las que existen miles, mencionó que estaba leyendo ese libro, lo que de inicio no llamó mucho mi atención, al menos no mas que sus pantalones semi transparentes, los cuales solo tengo que cerrar los ojos para volver a verlos combinar sutilmente con esa blusa verde de tirantes.
Aquella mención de dicho libro, no hubiese sido motivo suficiente para interesarme en él, si no fuera porque al día siguiente, mientras veía por televisión un capitulo de una serie norteamericana llamada Aprendiendo a Vivir (Boy meets World), el título del mismo libro se mencionó nuevamente. El capítulo mencionaba el libro en cuestión para hacer referencia a las dificultades que debió pasar una niña durante la guerra; y comparaba la impotencia de Ana a la de un estudiante de intercambio en la serie que se molestaba cuando alguien ofendía sus raíces.
De entrada no vi donde estaba la similitud; sin embargo si logré captar la señal que la vida me hacía.
¿Por qué de repente y en tan poco tiempo parecía que había escuchado ya demasiado de el Diario de Ana Frank? Es cierto, solo habrían sido ese par de ocasiones; pero en un lapso tan corto, debía ser una señal. Una de esas tantas señales que me da la vida. Debía leer ese libro. Y lo hice. 

Diario de Ana Frank
Y es así como vivo mi vida. Me gusta estar atento a las señales que me mandan desde arriba. Siempre me he considerado especial. Se que en cierto modo todos lo somos. Cada cabeza es un mundo y todos tenemos la ligera sospecha de que el universo gira en torno a nosotros. La diferencia conmigo es que yo no lo sospecho. Estoy convencido de ello.
Y no es que me siente un ser omnipotente; simplemente estoy convencido que aún siendo miles de nosotros, millones de nosotros aquí en la tierra; Dios me tiene bien identificado. No sé, tal vez esta película de mi vida sea de su interés, tal vez soy un conejillo de indias al que mandó a la tierra como uno de esos experimentos televisivos donde se mete gente extraña en una casa con cámaras para poder estudiar el comportamiento humano. Tal vez simplemente le caí bien cuando estaba allá arriba con él antes de bajar y salir del cuerpo de mi madre. O tal ves simplemente soy especial, punto.
Y no es que me siente un ser omnipotente; simplemente estoy convencido que aún siendo miles de nosotros, millones de nosotros aquí en la tierra; Dios me tiene bien identificado. No sé, tal vez esta película de mi vida sea de su interés, tal vez soy un conejillo de indias al que mandó a la tierra como uno de esos experimentos televisivos donde se mete gente extraña en una casa con cámaras para poder estudiar el comportamiento humano. Tal vez simplemente le caí bien cuando estaba allá arriba con él antes de bajar y salir del cuerpo de mi madre. O tal ves simplemente soy especial, punto.
Creo que todos y cada uno de nosotros podemos leer estas señales. Dios nos dió esta habilidad por igual, la habilidad de poder leerlas. Es solo que algunos de nosotros no ponemos la debida atención. O estamos tan ocupados a veces que se nos olvida que el universo nos manda diariamente infinidad de Señales que, igual nos pueden ayudar a tomar una desición importante, que corroborar nuestra percepción de nosotros mismos.
Recuerdo una ves en mi automóvil, el semáforo en rojo me hace detenerme justo al inicio de la calle. Una intersección con una gran avenida de mi ciudad, bastante transitada a cualquier hora, incluso de noche. Eran cerca de las 3 de la tarde. Trabajaba en la casa de un conocido de la familia, en una de esas chambitas o talachas que te caen mientras estás en la universidad y te ayuda a soportar tus estudios (entiéndase comprar cerveza). Me dirigía al centro de la ciudad a comprar material que necesitaba. Noté que tras de mi se situaron 2 carros mas esperando el cambio de color en el semáforo. Cuando estoy detenido en medio de una calle, generalmente miro por el retrovisor para ver a que velocidad viene el automóvil que se detendrá detrás de mi. En mas de una ocasión me he escuchado decirle "Ya detente" cuando veo que se acerca demasiado o a mayor velocidad que la requerida, desde mi punto de vista. Supongo que esta costumbre se me quedó desde aquel accidente hace algunos años donde una camioneta Lobo color negro me destrozó la cajuela del Tsuru de mi padre, dejándonos a mi novia ay a mi con esguinces de primero y segundo grado respectivamente. Era como si al mirar por el retrovisor de algún modo pudiera prevenir que aquel acontecimiento se repitiese.
Esguince Cervical
Con la radio encendida a un volumen de regular a alto y las ventanillas abajo para compensar la ausencia de aire acondicionado, me encontraba esperando el cambio de luces.
Cuando noté que la luz verde que daba el paso al carril perpendicular a mi vehiculo comenzó a parpadear, metí la primer velocidad al tsuru sin quitar el pie izquierdo del Clutch. Finalmente la luz cambió a verde, pero no me moví. Ignoro la razón. No era una falla mecánica, ni alguna imposibilidad de mi cuerpo o mente. Simplemente no aceleré.
Un segundo después, una automovilista joven hablando por celular, salida de quien sabe donde atravesaba la calle a mas de 60 Km/h justo frente a mi, ignorando la luz roja que ya había hecho que dos carros se detuvieran en el carril contiguo al que ella viajaba.
Si yo hubiese arrancado con el mandato de la luz verde, el impacto con la conductora despistada habría sido inminente.
La vi de reojo cuando se acercaba a la esquina. Yo sabía que se iba a pasar la luz roja. Pero no sabía por que lo sabía, o como fue que lo supe. Tuve que detenerme un poco mas adelante, después de atravesar la intersección, para pensar un poco en lo que acababa de pasar.
Me di cuenta tras un poco de reflexión que esta era una de esas señales, no de las que te dicen que hacer, o de las que pones atención y detectas fácilmente. No. Esta fue simplemente una señal que me ratificó una ves mas que Dios Existe. Y que soy Especial.
Como esas anécdotas tengo varias, como cuando se que mi nombre va a ser el siguiente que se mencione en la rifa. O cuando se que el balón terminará inequívocamente dentro de la portería, incluso antes de que el delantero haga contacto con él. Señales. Aunque algunos piensen que son casualidades, o que si digo mi nombre cada ves que rifan algo, obviamente una de esas le voy a atinar. Yo Creo, y es suficiente.

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