lunes, 6 de agosto de 2007

ANGELA - Cápitlo 1


Si hubiera una única palabra para definir a las personas; en el caso de Ángela, ésta sería: Compleja.
A sus 30 años, Ángela comienza a sentir que algo falta en su vida, que la ha desperdiciado y se le acaba el tiempo, que comienza a cansarse de esperar al príncipe azul y sin embargo algo dentro de ella la obliga a seguirlo esperando.
Atrapada en un trabajo sin futuro donde nadie le reconoce sus esfuerzos, Ángela lucha día a día para superar todos los rumores que se han creado en torno a ella y que poco a poco han ido destrozando su espíritu; relacionándola íntimamente con al menos cuatro compañeros de trabajo que van desde su exjefe (ya retirado), hasta el Gerente de Logística que acostumbra todavía a brindarle apoyo todas las mañanas para traerla a la oficina en la camioneta asignada a su departamento. Todos los chismes y rumores en los que se ha visto inmiscuida, han sido con hombres casados. Todos excepto en el que la relacionan conmigo; el cual por cierto no es ciertamente solo un chisme.
Nos conocimos cuando un buen día, Israel me dijo que lo acompañara a la oficina de Ángela; no me dio mas explicaciones, pero no las necesité; el simple hecho de verla un momento era suficiente motivo para acompañarlo. Ángela me había llamado la atención desde que la veía por los pasillos de la empresa. Al llegar a su oficina la noté sorprendida de verme, de vernos en realidad. Israel sabía que Ángela estaba celebrando su cumpleaños y era la oportunidad perfecta para que la festejada nos regalara el clásico beso y abrazo al felicitarla; los cuales serían mas disfrutados por nosotros que por ella misma. Israel no lo pensó dos veces al cruzar la puerta de su oficina; a mi los nervios me quería traicionar, sin embargo logré acercarme a ella y nervioso, la felicité por la ocasión. Con rebanada de pastel en mano, platicamos un poco para romper el hielo fue una tarde agradable En ese agradable momento ninguno de los dos siquiera sospechábamos lo que el destino tenía deparado para nosotros en un futuro no muy lejano.
Nuestra extraña relación empezó a fraguarse con los constantes encuentros "casuales" en las cocinas económicas a la hora de la comida. Al igual que yo, Ángela comía sola a menudo, lo sigue haciendo de ves en cuando. Muchas veces yo detectaba que salía sola de la oficina y la seguía para alcanzarla mas adelante y acordar que comiéramos juntos. Otras veces, ella se aparecía en el mismo restaurante donde yo comía solo y terminaba acompañándome.
Poco a poco se fue consolidando una relación poco común. Con comportamientos que no cualquier mujer aceptaría. En nuestras pláticas eran comunes mis comentarios acerca de su cuerpo, de los diferentes tipos de calzones que ella acostumbraba a usar, de lo bien que lucía con esas diminutas y escotadas blusitas. ante este tipo de comentarios ella simplemente se limitaba a decirme que estaba loco y hacía comentarios de que nuestra relación era muy especial, al poder compartir cuestiones que no con cualquiera se platica.


La Noche en que nuestra relación cambió por completo inició como cualquier otra. Nos encontramos a la salida del trabajo y me ofrecí a acompañarla a su cueva (como solíamos llamar a su departamento). Al llegar a ella, me invitó a pasar. Esa era la tercera ves que estaba en su casa; las dos anteriores las largas y amenas pláticas habían hecho que llegara a mi cuarto hasta pasada la media noche. Esta ves no fue la excepción en ese aspecto; sin embargo hubo una gran diferencia con las anteriores.
Como de costumbre platicamos de nuestras vidas, de lo difícil que había sido llegar hasta donde estábamos. Yo me pasé esa noche explicándole lo maravilloso que ella era; y ella se la pasó repitiéndome que no era cierto; como podía serlo si no había nadie en su vida desde hacía mucho tiempo. Desde aquel desengaño que a la fecha no ha querido contarme con detalle y que la dejó eternamente cicatrizada.
Sin darnos cuenta nos fuimos perdiendo el uno en el otro; y ya cerca de la media noche, aquellos besos amigables en la mejilla y frente se habían hecho ya demasiado constantes; hasta que finalmente uno de ellos rozó su boca, y el siguiente la encontró de lleno. Se hizo un Silencio que pareció Eterno.
Cuando despertamos de nuestro asombro, apenada me aclaró que no tenía pensado que eso pudiera pasar al momento de invitarme a su departamento. Que platicar conmigo y contar con mi amistad era algo que ella apreciaba mucho. Que no quería que yo pensara que todos los rumores al rededor de ella eran ciertos. Parecía muy preocupada por lo que yo pudiera pensar de ella. Volví a Besarla; esta ves con la boca abierta; y ella respondió de igual manera; desbordando tanta pasión que olvidamos que la puerta y la ventana que daban al pasillo y a los otros departamentos estaban abiertas.
Cada ves que terminaba un beso ella ponía esa cara de estar pensando que eso estaba mal; sin embargo, antes de que pudiera expresarlo, yo frenaba ese pensamiento con un beso mas apasionado que el anterior. Eventualmente mis exploradores labios se movieron por su garganta desbordándose hacia su cuello y sus hombros. Ella, extenuada de un placer que tal vez jamás había sentido, se dejaba acariciar. En un movimiento lento y pausado, dejamos el sofá y nos posamos sobre la alfombra; ella quedó recargada en la base del mueble, y yo apoyando mi mano izquierda en el piso me senté a su derecha, pero con mi rostro justo frente a ella; dejando mi otra mano libre para acariciar su cabello, su mejilla, su cuello, su cintura.
Me pidió que me detuviera un momento, se levantó y cerró la puerta y la cortina de la ventana; apagó la luz principal, dejando la sala en una ligera penumbra, solo alumbrada por los pequeños destellos de luz que se filtraban por la cortina al moverse con el aire. Todo esto creaba un ambiente mas acorde a la situación. Regresó a sentarse a mi lado, pero esta ves con las piernas cruzadas y la mirada hacia le piso. Sus manos nerviosas se frotaban una con otra. Por un instante me dedique a contemplar ese bello cuadro, hasta que, de entre el cabello que bajaba por su frente, aparecieron sus ojos mirándome, nerviosos, asustados, pero que aunados a una ligera sonrisa, me pedían continuar. Ante esa solicitud silenciosa, me posicioné sobre mis rodillas y ella estiró sus piernas para que yo me acomodara frente a ellas dejando sus extremidades por debajo del arco que describían las mías. Esta ves tomé su rostro con mis dos manos y me abalancé hacia ella para besarla. Con mi cuerpo sobre ella, el calor que existía en el departamento se fue incrementando a gran velocidad. Mis manos bajaron lentamente por su hombros mientras mi boca alcanzaba una ves mas su cuello. Su respiración aumentaba de frecuencia y de intensidad. En ese preciso momento estaba demasiado excitada para recordar todo aquello que desató en su mente mi primer beso de la noche. Seguí besando su cuello y removí los tirantes de su pequeña blusa amarilla para poder besar sin obstáculos sus hombros. Tras hacerlo mis manos se apoderaron de sus brazos, dejándola inmóvil e indefensa ante mi. Mi boca recorrió el contorno de su blusa desde el tirante a medio brazo, hasta el centro de su pecho. El sonido que causaba la fricción de mi barba con la suave piel de su pecho solo era minimizado por su extenuada respiración al sentir mis caricias cerca de sus senos. Sin dejar de acariciarla con mi boca, mi barbilla se colocó justo en su escote al borde de su blusa; ella levantó la cabeza estirando el cuello, mientras sus piernas se movían como queriendo frotarse una con otra. Con movimientos rápidos y circulares de mi cabeza y sin dejar de besarla, logré bajar algunos centímetros su blusa, dejando al descubierto un poco mas de piel la cual mi boca no tardó en encontrar. Mientras mi lengua se aventuraba en esta zona antes cubierta por aquella ligera tela; ella no pudo contenerse y soltó un intenso sonido de placer que despejó cualquier duda de seguir adelante que hubiera en mi; fue mágica música para mis oídos. Después de escuchar como el placer se apoderaba de ella, nuevamente regresé a su escote y logré bajar mucho mas su blusa con el movimiento de mi boca; su seno derecho, casi al descubierto era el lecho donde se posaban ahora mis labios, mi lengua y mis dientes. Ella no paraba de moverse cadenciosamente al ritmo de mis caricias. Finalmente con un movimiento magistral de mi boca y mi barbilla, y ante su sorpresa, logré descubrir completamente su seno derecho. No logré apreciar su pezón endurecido, pues ella al sentirse desnuda tomó mi rostro y lo pegó a su piel impidiéndome levantar la vista para apreciar ese bello paisaje; sin embargo su sabor era el mas dulce de los sabores, su textura era como de terciopelo. Mi lengua se perdió varios minutos en su pezón, hasta que no pude contenerme mas y empecé a mordisquearlo primero despacio y luego mas fuerte. Por la forma en que Ángela reaccionó a esto, me di cuenta que le encantó que lo hiciera.
Parecieron ser varias horas el tiempo que pasé besando uno de sus senos y acariciando el otro por debajo de su blusa. Sin embargo, justo cuando intentaba dejar al descubierto su seno izquierdo, para besarlo también; ella reaccionó. Dejó por un momento de retorcerse de placer y mientras me miraba me dijo algo que jamás olvidaré: -Tu no me quieres, tan solo quieres mi cuerpo.
Fue como un balde de agua fría. Mi primer reacción fue separarme mi boca de su piel, a lo que ella rápidamente reaccionó acomodando su blusa cubriéndose nuevamente. Traté de parecer molesto, aunque en realidad, como hombre, estaba indignado. Me importaban poco los rumores que había acerca de ella y los hombres casados de la oficina. Mas bien en esos momento lo que pasó por mi mente es que ella era una calienta huevos.
¿Por qué dices eso? le pregunté una ves que logré incorporarme y sentarme a su lado; tratando de sonar indignado por su comentario. Porqué es la verdad - me dijo. Solo hice un gesto de desaprobación.
Los siguientes minutos pasaron con preguntas y respuestas entrecortadas. Ella explicándome que quería algo serio, no mas chismes de la gente; yo haciéndole ver que lo que había pasado era algo natural entre dos amigos que se estiman tanto que van mas allá del cariño, llegando a las demostraciones de afecto físico. No parecía muy convencida, pero también parecía querer creerme.
El resto de la noche lo pasamos platicando, en su mayoría, notando como cada uno de nosotros veía el mundo de diferente manera. Cuando no platicábamos estábamos besándonos y acariciando nuestros cuerpos uno con otro. Aún y cuando sus convicciones le decían que eso estaba mal, era algo que ella necesitaba; y yo estaba dispuesto a ofrecerle.

Pasaban de las dos de la mañana cuando me despedí. volvimos a besarnos como dos enamorados que se despiden al llegar la noche y uno de ellos debe partir. Sabíamos que al otro día en el Trabajo volveríamos a vernos, pero esta ves sería con diferentes ojos. En ese momento no sabía exactamente como ella podría reaccionar, sin embargo sabía que la almohada no sería muy buena consejera.
Al siguiente día no nos vimos, pero si platicamos por correo electrónico, solíamos hacerlo mucho y lo seguimos haciendo hoy en día. La noté extraña y ausente. al finalizar el día ella partió a casa de sus padres por el fin de semana; y en ese tiempo no tuvimos comunicación.
Al siguiente Lunes no me dirigió la palabra. Ni siquiera cuando fui a su oficina para ver como se encontraba. Se notaba molesta y muy dolida.
Creí haberla perdido para siempre... Me alegro comentar que no es así... al menos por ahora.






LA HORA DE COMER

Si, la rutina del trabajo es algo agobiante si no se sabe manejar. Pero hay una rutina diaria que le da sentido a mi vida.
Todos los días (laborales) a las 2 de la tarde se termina mi horario de trabajo (8-14 hrs). Es hora de comer.
Salgo de la oficina, a veces acompañado, a veces solo; y me dirijo al centro histórico de la ciudad. Me esperan decenas de restaurantes que ofrecen comidas económicas con diferentes platillos cada uno; otros tantos de comida Americana tipo Fast Food, y algunos de mas historia como la tradicional Parroquia del Centro de Veracruz.
La elección diaria no es fácil, ya que todos ofrecen algo diferente que los hace sobresalir del resto de lugares que ni siquiera considero para saciar mi hambre.
Existen desde los que ofrecen por el mismo precio, una ilimitada cantidad de agua fresca para combatir el calor; hasta los que exhiben mas de 5 platillos diferentes a elegir diariamente. Están los que contrarrestan el calor con amplias ventanas abiertas; y los que su reducido espacio se ve compensado con el aire acondicionado que hace mas placentera la hora pico en la ciudad.
Pero la rutina a la que me refiero no es la comida. Claro, todos tenemos que comer y es agradable hacerlo en un lugar que te proporcione confort y buena comida. Sin embargo el restaurante o cocina (como se les conoce en este puerto a los lugares de comida corrida) no es lo que le da sentido al andar cotidiano, sino el trayecto hacia éste.

Diariamente por las calles de centro histórico de Veracruz, puedes encontrar una infinidad de chicas que desfilan frente a ti, desfilan para ti. Vistiendo todo tipo de atuendos desde los mas ajustados Jeans, hasta esas minifalditas que el viento gusta de acariciar.
Las hay de todo tipo: Turistas adolescentes que pasean con su familia vistiendo mini shorts para contrarrestar el calor; chicas de oficina con pantalones sastre y blusas casi transparentes que dejan ver un poco de piel entre los botones a la altura de sus senos; ejecutivas de banco con aspecto impecable y vistiendo pantalones ceñidos a su cintura y chalecos de seda; chicas que salen de quien sabe donde, que se dedican a quien sabe que, pero que por alguna razón visten de lo mas sexy y provocador; para delicia de todos los traunsentes.
Es un Buffet previo a la comida. Es como tomar el postre antes de llegar al restaurante.


Ejemplo del Bufete Jarocho de Todos los Días



Cuando una de estas chicas llama mi atención mas de la cuenta, ya sea por una micro falda, por su andar sexy, por un pantalón muy ajustado que permite encontrar su ropa interior bajo él, o por cualquier otro motivo; me invade un impulso que me controla, que va mas allá de mi. No me queda otra opción que ir tras ella un par de cuadras. Me pierdo en su andar. La persigo unos cuantos pasos detrás de ella. Instintivamente mi mano busca mi celular y captura algunas imágenes de esa delicia de mujer. Sin importarme nada, ni que que la gente a mi alrededor me juzgue ni que ella pueda darse cuenta y armarme un escándalo. Además nunca me ha pasado, creo que soy muy discreto al acechar y disparar.


Pantalón Blanco, mi platillo favorito por las tardes


En lo que a mi respecta, si una mujer decide vestirse provocativamente, es porque quiere ser vista por todos. Quiere presumir lo que tiene, es su derecho por lograr verse así. Y si ella decide mostrarse, Yo decido mirarla. Eso me da derecho a fotografiarla también, pues no hay leyes que prohíban fotografiar un hermoso árbol, o la grandeza de la playa, o la belleza de la Catedral Veracruzana; mucho menos las hay para impedirme capturar la esencia de aquella chica que por la mañana al vestirse, decidió que quería ser vista por todo el mundo.
Es indescriptible la sensación que provoca una persecución como estas. Se siente la adrenalina correr por las venas. El peligro de que te sorprendan, el sentimiento de superioridad ante la victima, el trofeo capturado en electrónico, la inocencia destrozada por la lente de un pervertido. La mas pura esencia del Voyeurismo.