miércoles, 18 de julio de 2007

Mi Trabajo

Sentado en mi silla giratoria, frente a mi escritorio; me encuentro con los siguientes objetos de izquierda a derecha: Teléfono con línea a la calle y comunicación directa con los demás empleados de la empresa, un pisa papeles (en realidad es una tuerca tamaño gigante que me sirve para tal propósito), un calendario de escritorio para apuntar en el tareas cotidianas o recados, y finalmente a la extrema derecha del escritorio y bajo un estante que sirve de cajón para papeles importantes, mi computadora de escritorio dotada con mas de 100 Gigas de capacidad, quemador de discos y lo mas impactante, un monitor plano de 17 pulgadas que manda al olvido al viejo monitor de mi antigua computadora.
A mi derecha y por debajo del escritorio, un pequeño archivero de 2 cajones intenta ayudarme a mantener despejado de papeles mi escritorio. A mi izquierda un pintarrón blanco que yo mismo coloqué, me apoya para las tareas diarias y para no olvidar asuntos importantes.
Mi trabajo consta de generar documentos, encargarme de que sean firmados por los jefes, llevar un control de ellos y entregarlos cuando me sean pedidos. Nada del otro mundo, por lo que no entraré en detalles de esto.
El Cubículo que me fue asignado está dentro de una gran oficina dividida en varios espacios como el mió. Somos 7 personas aquí, contando al jefe y su secretaria quienes son los únicos que cuenta con espacio propio, separado de los cubículos por una gruesa pared, típica en edificios antiguos como este.









Mas o menos así nos vemos... ¿Triste, verdad?




Detrás de mi Cubículo se encuentra Pepe (40), a mi izquierda está Israel (30) y frente a él Jacobo (28). Finalmente el último cubículo ocupado de esta oficina es para Karina (24); frente a ella se encuentra un cubículo vacío que bien sirve para tomar el desayuno a escondidas del jefe o para echar una siesta cuando el cansancio es mas fuerte que el deseo de trabajar, que suele ser muy a menudo.
En los mas de 5 meses que llevo trabajando aquí, he llegado a conocer bien a todos mis compañeros. Me intereso mucho en el comportamiento humano y ellos han sido sujetos de mi estudio; especialmente Karina y la secretaria del jefe, Darla (26).
Ambas chicas fueron agraciadas con una linda figura, talvez un poco mas notable en Karina, quien acostumbra a vestirse de modo muy sensual, con pantalones de licra en color claro y utilizando unas diminutas prendas intimas que se notan a través de ellos. Sus blusas también son de llamar la atención, pues el escote en todas ellas es ampliamente pronunciado; dejándonos ver la razón del porqué tiene tantos admiradores en el resto del edificio.
Darla es un poco mas recatada; aún teniendo los senos mas grandes que Karina, no utiliza escote pues es mas bien tímida y del tipo inocente. Todo lo contrario a nuestra otra compañera. Gusta de vestir pantalones de mezclilla y pocas veces hemos descubierto que trae tanga al ver el hilo por un costado de su cintura al agacharse.






Mas o menos así acostumbra a vestirse Darla



De Karina me agrada la sensualidad que derrocha al caminar, y de Darla esa inocencia que la hace tan sexy.
Se que a ambas les despierto un interés que va mas allá de lo laboral. Lo puedo leer en sus ojos (otra de mis habilidades); sin embargo aún no cruzo la barrera de la amistad de oficina.



Y así acostumbra vestirse Karina. Claro que la de la foto está mas Pechugona


En el resto del edificio trabajan alrededor de 30 mujeres de todas las edades. Sin embargo hay 3 de ellas con quien me he llegado a relacionar laboralmente gracias a que mis actividades y las suyas son co-dependientes. Mandy (23) en el departamento financiero, Juana (23) en Recursos Materiales y Ángela (30) en el departamento Estratégico. Todas ellas cubren mis expectativas en lo que se refiere a una Mujer Bonita, es decir en mi escala del uno al diez, todas ellas alcanzan el ocho. En la misma escala Darla tiene un siete y medio y Karina es un nueve.

jueves, 12 de julio de 2007

Mi Situación Actual





Mi nombre es Frederick Torrance. Tengo 25 años.
Actualmente vivo en uno de los puertos mas bellos de la Zona Sur de México. Veracruz. Y digo actualmente ya que no me gusta quedarme en un solo lugar por mucho tiempo. Tiendo a desesperarme. Cuando empiezo a sentir la monotonía en mi vida, exploto.


Vista Nocturna del Centro de Veracruz


Llevo ya mas de 6 meses en este lugar. Rento un cuarto en la casa de una familia de clase media alta. La renta es aceptable. El cuarto tiene baño propio y una salida a la calle independiente a la puerta principal de la casa. Además conecta a esta última por una puerta menos rígida en el otro extremo de la habitación. Tengo aire acondicionado, indispensable en los meses donde el sol se apodera de esta ciudad y la hace agobiante. Una cama, una cómoda con 2 cajones, un closet creado a base de un tubo de metal y un sofá para 3 personas; son el complemento perfecto alrededor de un pequeño televisor a colores, dotado con señal por cable. Como dije, una familia sin apuros económicos; y además, con una pequeña entrada extra generada por la renta de una de sus habitaciones acondicionadas para ese fin.
La renta es fija, sin importar cuanta luz gaste o cuanta agua utilice al mes. Llegamos a este acuerdo al explicar a la señora de la casa que mi permanencia sería prolongada, pero mi estancia en la habitación sería esporádica. En la mayoría de los días laborales solo me verían por las noches cuando llegase a dormir. Y los fines de semana aprovecharía para salir a conocer la ciudad y sus alrededores. Me gusta explorar.
La señora Marcela, dueña de la casa, vive en ella desde hace mas de quince años. Con ella viven su esposo Augusto y su hija menor, Mariana. El Hijo mayor del matrimonio se ha marchado ya de casa. Augusto Junior, como le llamaba siempre su padre, había finalmente cortado el cordón umbilical y emprendido el vuelo por cuenta propia, luego de mas de 28 años. No hacía mucho de eso cuando yo llegué a vivir con ellos. Aún se notaba en el rostro de doña Marcela la angustia de una madre al ver que su primogénito se marchaba, que ya no la necesitaba, que a pesar de saber que lo había preparado bien, daría cualquier cosa por que éste la dejase mudarse junto con el, sin importar que dejara atrás a su esposo e hija; tan solo para asegurarse de que no le faltaría nada. En su mente de madre pensaba que existía esa posibilidad. Y se aferraba a ella.
Doña Marcela se dedicaba al hogar. Luego de una larga carrera en la enseñanza media se había jubilado ya. Había acondicionado una habitación de la casa con vista a la calle como una pequeña papelería que contaba además con el servicio de fotocopiado de documentos. Vendía también manualidades que en sus ratos libres ella misma realizaba; aunque la gran mayoría de ellas eran de reventa, compradas en alguno de sus viajes a la ciudad de México en los que acostumbraba traer decenas de cajas llenas de mercancía que después sería expuesta en las paredes de la pequeña papelería para ser revendidos con una ganancia mínima. No lo hacía por dinero. Su cheque del retiro llegaba puntual cada mes. Esta era simplemente una forma de mantenerse activa; de enfrentar los inicios de la crisis que llega a todos los trabajadores cuando se dan cuenta que ya no son útiles a la sociedad. Su familia lo sabía, auque nunca lo mencionaba, y por eso la apoyaban en esta idea que desarrollaban juntos.
La venta no era nada del otro mundo. Sin embargo, los fines de semana eran los mejores en este aspecto. Nunca había faltado el vecino que olvidó envolver el regalo de la fiesta a la que se dirige. O la vecina que no sabe que regalar a una amiguita que cumple años este sábado. O el estudiante que olvidó comprar la lamina de papel bond en el centro de la ciudad, y requiere un pliego de urgencia, aun siendo las 10 de la noche del domingo y el letrero de cerrado se observe colgado en la ventana.

Este es el tipo de Manualidades que realiza Doña Marcela


El que tiene tienda que la atienda, decía Mariana cada ves que llamaban por la ventana buscando a su madre para que vendiera algún artículo de la papelería y ésta se encontrase recostada viendo el televisor.
Era un hecho que si doña Marcela se levantara mas temprano tendría mas clientela. Sin embargo, en el mismo letrero donde se leía CERRADO; al calce se anunciaba también: ABRIMOS A LAS 6 PM.

Don Augusto trabajó muchos años en la Industria de Generación de Energía. Sin embargo, las nuevas tecnologías que traían consigo gente joven que se adaptaba mas fácilmente a ellas, había hecho que sus servicios fueran innecesarios antes de lo planeado. No guardaba rencor, ni a la tecnología ni a los nuevos profesionistas. Estaba conciente que ese era el ciclo de la vida. Además parecía agradarle su nueva forma de conseguir medios para cumplir en casa.
Una pequeña Flotilla de Taxis -decía él. Claro que se trataba solamente de dos vehículos que anteriormente habían sido para el uso personal de la familia. Pero el tamaño de la flota era lo menos importante para él; ya que se trataba de unidades propias que generaban ganancias directas y requerían poco mantenimiento, al ser de un modelo no tan antiguo. Uno de los taxis era manejado todo el día por un colega de don Augusto, a quien había conocido en uno de los llamados Sitios donde se reúnen los choferes de transporte urbano a esperar pasaje. Se había ganado su confianza. El otro vehículo lo manejaba él.
Como jefe de la flotilla tenía su propio horario. Si no se sentía con ganas de salir temprano a trabajar, simplemente no lo hacía y partía hasta después del medio día. Si a media tarde sentía que ya había reunido suficiente dinero, se retiraba a descansar hasta el día siguiente; no sin antes aprovechar la noche para tomar una copa de Brandy en las afueras de su hogar, para relajarse tras un caluroso día.
La cuota del chofer, el dinero recaudado por su esposo, su cheque mensual, y las entradas por las habitaciones acondicionadas para renta y papelería, eran suficientes para que doña Marcela llevara una vida sin preocupaciones financieras.

Mariana pasaba por una etapa difícil. A sus 24 años, hacía mas de 10 meses que había terminado la escuela, especializándose en la programación de computadoras. Sin embargo, el proceso de titulación se había visto truncado por problemas con el asesor de su escuela. Sin un titulo que avalara todo lo que sabe, se sentía impotente. Se le habían cerrado un par de puertas debido a la falta de este papel y eso la había desmoralizado, a tal grado de crear en ella un temor a no poder nunca conseguir un empleo.
Aunado a esto, acababa de perder hacía algunos meses a quien consideraba su cómplice en esta difícil labor de sobrevivir a sus padres. Su hermano mayor se había marchado dejándola a ella en una situación de desigualdad. Eran dos contra una. Por esa misma razón rara vez dejaba su alcoba, donde tenía todo lo que necesitaba: su Computadora con Internet y sus sueños de algún día seguir los pasos de su hermano mayor.



No me ha sido difícil adaptarme a este ambiente; a esta familia adoptiva que me ha recibido. En cierto modo me recuerda a mi familia.
Aunque algunas veces me pregunto si seguirían aceptándome si supieran todo lo que pasa por mi mente. Si me dejarían seguir rentando la alcoba si supieran la clase de persona que hay dentro de mi.
Esa misma pregunta es la que me hizo salir de casa en un principio. Me daba miedo que mis padres supieran quien soy, lo que soy, lo que pienso. No lo entenderían. No lo aceptarían.

lunes, 9 de julio de 2007

Intro




Es difícil comenzar. Siempre he pensado que dentro de mi cabeza hay una gran historia que quiere salir a conocer el mundo y a que el mundo la conozca. Pero nunca he sabido como estructurar su salida.
No es que quiera ser Escritor, nunca ha sido una de mis metas o aspiraciones. Además creo que para poder escribir, primero debes leer, y yo no soy que digamos un gran lector.
Puedo contar con los dedos de mis manos Todos los libros que he leído El Diario de Ana Frank, El Señor de los Anillos I y II, El Psicoanalista y actualmente El Resplandor.
He tenido también intentos fallidos por acercarme a la literatura clásica. Aunque la verdadera razón por la cual empecé a leer La Divina Comedia, fue por morbo. Un amigo empezó a platicarme como Dante describía magistralmente en su obra magna, los oscuros pasajes del Infierno. No requerí mas motivación durante mi época de estudiante para enfrascarme en este libro. Ni siquiera la difícil lectura mermó mi ímpetu de continuar leyendo.
A través de los 9 círculos el autor captó cada ves mas mi atención.
Creo que hubiese terminado de leer los últimos capítulos de el Cielo con facilidad, si esta parte de la obra no se hubiese tornado tan aburrida. Supongo que con la salida del infierno y el purgatorio, también salió el morbo de mi cabeza. Creo que nunca sabré que le pasó a Dante y a Virgilio a final de cuentas, ya que no tengo intención de regresar a un libro que por poco destruye mis ganas de volver a leer otro.
Y es que este era la primer obra Literaria que pasaba por mis manos; la primera vez que realmente tenia intenciones de leer. Para mi al o largo de los años los Libros habían significado solo enseñanza, conocimiento y Números. Jamás los había considerado como cultura o entretenimiento. Al darme cuenta que había otro tipo de libros, a parte de los que teníamos en la biblioteca del instituto, despertó en mi la intención de saber un poco mas de ellos.
Creo que elegí mal el que sería el primero, ya que mientras avanzaba por sus abrasadoras páginas, mi mente matemática asumió que así serían todos los libros. Así de difíciles de leer. Con centenares de palabras rebuscadas y una narrativa, a veces, muy compleja.




Afortunadamente algún tiempo después me di cuenta que no era así. La forma en que estaba escrito aquel libro que ya parecía muy distante era simplemente una de mil formas que existen de escribir una novela.




No recuerdo exactamente cuando comencé a Leer el diario de Ana Frank; pero si recuerdo muy bien el como llegó a mis manos.
Una amiga de mi hermana estaba de visita en casa. En una de esas pláticas como las que existen miles, mencionó que estaba leyendo ese libro, lo que de inicio no llamó mucho mi atención, al menos no mas que sus pantalones semi transparentes, los cuales solo tengo que cerrar los ojos para volver a verlos combinar sutilmente con esa blusa verde de tirantes.
Aquella mención de dicho libro, no hubiese sido motivo suficiente para interesarme en él, si no fuera porque al día siguiente, mientras veía por televisión un capitulo de una serie norteamericana llamada Aprendiendo a Vivir (Boy meets World), el título del mismo libro se mencionó nuevamente. El capítulo mencionaba el libro en cuestión para hacer referencia a las dificultades que debió pasar una niña durante la guerra; y comparaba la impotencia de Ana a la de un estudiante de intercambio en la serie que se molestaba cuando alguien ofendía sus raíces.
De entrada no vi donde estaba la similitud; sin embargo si logré captar la señal que la vida me hacía.




¿Por qué de repente y en tan poco tiempo parecía que había escuchado ya demasiado de el Diario de Ana Frank? Es cierto, solo habrían sido ese par de ocasiones; pero en un lapso tan corto, debía ser una señal. Una de esas tantas señales que me da la vida. Debía leer ese libro. Y lo hice.
Diario de Ana Frank


Y es así como vivo mi vida. Me gusta estar atento a las señales que me mandan desde arriba. Siempre me he considerado especial. Se que en cierto modo todos lo somos. Cada cabeza es un mundo y todos tenemos la ligera sospecha de que el universo gira en torno a nosotros. La diferencia conmigo es que yo no lo sospecho. Estoy convencido de ello.
Y no es que me siente un ser omnipotente; simplemente estoy convencido que aún siendo miles de nosotros, millones de nosotros aquí en la tierra; Dios me tiene bien identificado. No sé, tal vez esta película de mi vida sea de su interés, tal vez soy un conejillo de indias al que mandó a la tierra como uno de esos experimentos televisivos donde se mete gente extraña en una casa con cámaras para poder estudiar el comportamiento humano. Tal vez simplemente le caí bien cuando estaba allá arriba con él antes de bajar y salir del cuerpo de mi madre. O tal ves simplemente soy especial, punto.




Creo que todos y cada uno de nosotros podemos leer estas señales. Dios nos dió esta habilidad por igual, la habilidad de poder leerlas. Es solo que algunos de nosotros no ponemos la debida atención. O estamos tan ocupados a veces que se nos olvida que el universo nos manda diariamente infinidad de Señales que, igual nos pueden ayudar a tomar una desición importante, que corroborar nuestra percepción de nosotros mismos.




Recuerdo una ves en mi automóvil, el semáforo en rojo me hace detenerme justo al inicio de la calle. Una intersección con una gran avenida de mi ciudad, bastante transitada a cualquier hora, incluso de noche. Eran cerca de las 3 de la tarde. Trabajaba en la casa de un conocido de la familia, en una de esas chambitas o talachas que te caen mientras estás en la universidad y te ayuda a soportar tus estudios (entiéndase comprar cerveza). Me dirigía al centro de la ciudad a comprar material que necesitaba. Noté que tras de mi se situaron 2 carros mas esperando el cambio de color en el semáforo. Cuando estoy detenido en medio de una calle, generalmente miro por el retrovisor para ver a que velocidad viene el automóvil que se detendrá detrás de mi. En mas de una ocasión me he escuchado decirle "Ya detente" cuando veo que se acerca demasiado o a mayor velocidad que la requerida, desde mi punto de vista. Supongo que esta costumbre se me quedó desde aquel accidente hace algunos años donde una camioneta Lobo color negro me destrozó la cajuela del Tsuru de mi padre, dejándonos a mi novia ay a mi con esguinces de primero y segundo grado respectivamente. Era como si al mirar por el retrovisor de algún modo pudiera prevenir que aquel acontecimiento se repitiese.




Esguince Cervical



Con la radio encendida a un volumen de regular a alto y las ventanillas abajo para compensar la ausencia de aire acondicionado, me encontraba esperando el cambio de luces.
Cuando noté que la luz verde que daba el paso al carril perpendicular a mi vehiculo comenzó a parpadear, metí la primer velocidad al tsuru sin quitar el pie izquierdo del Clutch. Finalmente la luz cambió a verde, pero no me moví. Ignoro la razón. No era una falla mecánica, ni alguna imposibilidad de mi cuerpo o mente. Simplemente no aceleré.
Un segundo después, una automovilista joven hablando por celular, salida de quien sabe donde atravesaba la calle a mas de 60 Km/h justo frente a mi, ignorando la luz roja que ya había hecho que dos carros se detuvieran en el carril contiguo al que ella viajaba.
Si yo hubiese arrancado con el mandato de la luz verde, el impacto con la conductora despistada habría sido inminente.
La vi de reojo cuando se acercaba a la esquina. Yo sabía que se iba a pasar la luz roja. Pero no sabía por que lo sabía, o como fue que lo supe. Tuve que detenerme un poco mas adelante, después de atravesar la intersección, para pensar un poco en lo que acababa de pasar.
Me di cuenta tras un poco de reflexión que esta era una de esas señales, no de las que te dicen que hacer, o de las que pones atención y detectas fácilmente. No. Esta fue simplemente una señal que me ratificó una ves mas que Dios Existe. Y que soy Especial.




Como esas anécdotas tengo varias, como cuando se que mi nombre va a ser el siguiente que se mencione en la rifa. O cuando se que el balón terminará inequívocamente dentro de la portería, incluso antes de que el delantero haga contacto con él. Señales. Aunque algunos piensen que son casualidades, o que si digo mi nombre cada ves que rifan algo, obviamente una de esas le voy a atinar. Yo Creo, y es suficiente.